En defensa del consumidor
Argentina tiene una larga historia como país agroexportador,
poco cambio en 200 años donde todavía tenemos una industria poco diversificada
con déficit en la balanza comercial de casi todos los sectores exceptuando los
productos relacionados con materias primas y una llamativa orientación
exportadora de productos con poco valor agregado. La lucha por industrializar
el país comenzó hace algunos años, con épocas de esplendor y otras no tanto, se
fue avanzando en un rumbo diferente, que conduzca al país a producir lo que
necesita, acá una aclaración lo que necesita el país no es lo que necesita un
grupo minoritario con amplia riqueza, sino los bienes socialmente necesarios,
tanto alimentarios como de consumo duradero que puedan cubrir las necesidades básicas
de una población, a precios razonables y con acceso a todas la napas sociales. La
relación de importaciones sobre PIB es menor al 20%, esto significa que
producimos internamente mucho de lo que consumimos, y que además mucho de lo
que importamos son hidrocarburos (con tendencia a reducirse), o partes de
bienes intermedios que forman parte de bienes finales terminados de producir en
el país. Pocas deficiencias podrían opacar este alentador dato, pero debemos revisar el proceso histórico para
ir encontrando explicaciones a algunos problemas que hoy percibimos, en general
el desarrollo de industrias fue un efecto directo de medidas gubernamentales
que fomentaron su desarrollo, variando su orientación industrial a medida que
maduraba el proceso llamado Industrialización por sustitución de importaciones.
Hasta el derrocamiento del gobierno de Perón se desarrollaron industrias básicas
como la textil, la agroalimentaria y bienes de consumo. A partir de este
momento cambio el paradigma y se orientó el esfuerzo hacia la Industria pesada
o de base, orientadas a la metalmecánica, hidrocarburifera, siderúrgicas, químicas,
el desarrollo de estas industrias permitió ir remplazando muchos bienes,
especialmente intermedios que evitaron la salida de divisas atadas a su importación
y además genero trabajo de calidad, investigación y desarrollo nacional. Ya a
esta altura del análisis debemos hacer algunas aclaraciones, como ya dijimos
algunas líneas antes el estado a través de medidas heterodoxas fue
promocionando estas industrias, es decir que el desarrollo no fue natural sino
que fue tironeado, en cierta forma, por medidas gubernamentales orientada a
algunos actores que tenían posibilidades de desarrollo, ya sea por
conocimientos previos o relación con la actividad, pero siempre orientada a
pocas manos, la tendencia es decreciente es decir que hasta la década del 60 el
desarrollo y la diversificación era más que aceptables, a partir de este punto
el crecimiento se orientó a la concentración de empresas que tenían mayores ganancias.
Este proceso se estimuló excepcionalmente durante los gobiernos militares y el
gobierno neoliberal extremo de Carlos Menem y de la Rua, y en algunas
actividades específicas en la década Kirchnerista. Orientar un proceso
industrial hacia la concentración genera a largo plazo problemas para la determinación
de precios, con poca relación a las estructuras de costos, este conflicto deriva
de la falta de competencia y la cartelización de estas empresas concentradas,
en resumen son tan pocas empresas que se ponen de acuerdo para poner un precio
que les dé una ganancia excesiva que absorba una mayor parte del ingreso de la
sociedad, si se compara con una situación mucho más competitiva y con actores
independientes. La estructura vertical de la producción Argentina se
caracteriza por gran concentración de las actividades de extracción y en las primeras
etapas de industrialización, en algunas actividades como los alimentos y
bebidas, la concentración se mantiene en todo el proceso de industrialización.
La etapa final del proceso, es decir la distribución y venta minorista es una
de las etapas más concentradas con cadenas internacionales de
supermercados y tiendas multiproducto
con locales y precios idénticos diseminados por todo el país, es decir una
falta de competencia increíble.
Luego de una reseña del proceso y conformación de la
industria Argentina, vamos a meternos un poco en la actualidad, el título de la
editorial es “En defensa del consumidor”, elegí este título porque creo que
vivimos un momento único en la historia del abuso empresario al salario del
trabajador, esto no es casualidad los niveles de concentración en rubros de
primera necesidad, la más notoria es la de alimentos, y especialmente en
supermercados. Son pocos los programas mediáticos que dentro de la coyuntura económica
que vivimos buscan darle al abuso empresario el peso que merecen, pocos ocupan
su tiempo buscando información sobre la relación entre precios y costos que
pagamos día a día los Argentinos, en mi opinión son los grandes generadores de inflación
y los menos responsabilizados. Esto no es casualidad muchas de las empresas son
auspiciantes de los programas que luego opinan sobre actualidad y política. En el
caso de los supermercados se estima que un 15% del valor de costo que pagamos
es publicidad, y con conocimiento de la gran concentración mediática que la ley
de medios busca romper, se puede asumir que son casi socios en esta batalla de
los precios, ya que los ingresos de los medios son por publicidad y si un 15%
de mis entradas se cierran a menos de 10 empresas, tengo pocas posibilidades de
ser independiente al hablar de temas relacionados con las causas reales de inflación
por ejemplo. Si a esto se le agrega que empresas como Molinos Rio de la Plata,
Sancor, La Serenisima, Ledesma , Arcor y Unilever, representan más del 50% de
los productos alimenticios que ofrece un supermercado y si agregamos el dato de
que el 70% de lo que compramos lo hacemos en un supermercado podemos tener una
medida del poder que tienen estas empresas, aca vale una aclaración no debemos
ser tan necios de pensar que las empresas están atadas a la reglas de mercado,
ellas son las que manejan los hilos del mercado, pensemos que según los datos 6
personas jurídicas alimentan a 16 millones de Argentinos, el poder es inmenso.
La pregunta más concluyente a esta altura es ¿Cómo los consumidores,
representados en mayor o menor medida por el estado, permitieron que esta situación
se desbordara de esta forma? La respuesta no soluciona ningún conflicto pero
permite tener una magnitud del costo social de un gobierno neoliberal
totalmente alejado de las necesidades del pueblo y fuertemente relacionado con
el poder económico. El momento actual arroja cierta luz en la discusión ya que
por primera vez en la historia reciente se denuda lo compleja y lo desfavorable
para el consumidor que es la actualidad, la concentración de productores y
supermercadistas cartelizados para obtener el mayor ingreso posible de la
sociedad, esta es la puja distributiva en estado natural. Hoy se discute el
tema, y creo que la gente comprendió que los supermercados hacen abuso de posición
dominante, y nos obligan a pagar un precio desvirtuado por los productos que
consumimos.
Algunos ejemplos para clarificar, por ejemplo el 80% del
aceite que consumimos lo producen dos empresas Molineos Rio de la Plata y
Aceitera general Dehesa, el 78% de los productos lácteos lo producen la Serenisima
y Sancor, en enlatados Arcor tiene el 70% del mercado, el 75% del azúcar es de
Ledesma, estas empresas aumentan los precios muy por arriba del aumento de sus
costos, y esta situación tiende a empeorar cada año especialmente porque los
supermercados ponen barrearas de acceso difíciles de franquear para empresas de
menor escala que podrían ayudar a mejorar la competencia. Esto dificulta mucho
el trabajo del estado para mejorar la distribución de ingresos, ya que
cualquier mejora es absorbida automáticamente con aumento de precios, y el gran
poder mediático atado a la publicidad se encarga de silenciar esta situación y
resta posibilidades de aplicar el poder del estado para regularizar los
procesos, la responsabilidad del consumidor es básica en este sentido ya que si
no evita aumentos excesivos temporales estos se tornan normales y el gobierno
tiene tantas variables que controlar que lo inhabilitan para dar respuestas
claras y a tiempo, es necesario que el consumidor controle y denuncie los
abusos, por eso lo precios cuidados tienen una tarea esencial, al relacionar al
consumidor y al estado para marcar el territorio a estas empresas.
Los abusos no terminan con el rubro alimenticio, los
celulares son otro ejemplo de empresas oligopólicas que parecen competir pero en
realidad están fuertemente cartelizadas y todas tienen estrategia idénticas,
tres grandes empresas como Claro, Movistar y Personal tienen casi el 100% del
mercado de las líneas de celular y los problemas de falta de inversión y
precios excesivos son compartidos, también se podría pensar que si todas las
empresas tienen las mismas complicaciones en el servicio el estado tiene responsabilidad,
esto es aceptable en la medida en que no se regula de la forma que se tendría que
hacer, pero si pensamos que son mercados privados que deberían competir
lealmente el problema se torna más complejo, año a año el margen de
rentabilidad es mayor al de ventas, la situación es clara las empresas no
invierten en mejorar el servicio y se transforman en utilidades, y el estado no
puede más que multar a estas empresas, y también es cautivo como sus usuarios
ya que en si aplicaría la sanción máxima de clausura lo debería hacer a las
tres empresas dejando sin servicio de telefonía móvil al país entero. Lo
avances son complejos y el estado ya está mejorando los controles y las
sanciones, pero es mínimo el avance en este rubro.
Otro sector clave el automotriz, que lleva a cabo aumentos excesivos
pero que no son castigados por el consumidor con la negativa a la compra, sino
que decide aceptar un mayor grado de endeudamiento para hacerse del bien, este comportamiento
es erróneo ya que no se lleva a cabo un sobrestock de oferta que obligaría a
reducir los precios para poder volver a vender, poniendo en equilibrio el
mercado. Ejemplos como este son muy comunes en la sociedad en la que vivimos
donde los mercados financieros facilitan el acceso a bienes suntuarios,
poniendo la variable precio en segundo plano, lo importante es cuanto me da el
banco, ni siquiera es importante si me llevara 5 años pagar el préstamo o si
terminare pagando 3 veces lo que me costó el producto que de por sí ya estaba
caro. Razonamientos simples como este no se amplifican en la sociedad y en una situación
como la actual donde el acceso al crédito está vedado por la altas tasas de interés
cobradas, atadas a la estrategia del gobierno de fomentar los plazos fijos con
mejores rendimientos, llevan al consumidor a analizar mucho más los valores que
ofrece el mercado e incluso a inclinarse por esperar mejores precios para realizar
la operación, aplaudo esta medida que a corto plazo enfriara la economía pero
va a tender a regular la inflación y a domesticar a los grande ganadores de
esta década de crecimiento, el trabajo del estado está ahora en evitar un
despido masivo y la pérdida de valor del salario, esto dependerá de cuanto se
estire la medida, no es recomendable alargarla más que algunos meses para luego
reencausar la situación con medidas que eviten volver a la situación de abuso
comercial anterior.
Poner las barbas en remojo, cuidar el trabajo, y el salario
son la medidas que nos van a permitir entrar en un nuevo nivel de madurez
social donde el consumidor tenga real poder sobre un mercado fuertemente
concentrado que debe ser ataco por varios frentes desde el gobierno, el futuro
no es cambiar, sino solucionar los problemas que hoy en día benefician a pocos
y dejan a muchos al costado del camino, el estado debe tener acceso a la información
que hoy se maneja de forma casi confidencial para cuidar un mercado
laboriosamente armado por el grupo de empresas que hoy se pusieron en debate en
esta columna.
Saludos hasta la próxima.

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