martes, 1 de abril de 2014

En defensa del consumidor

En defensa del consumidor


Argentina tiene una larga historia como país agroexportador, poco cambio en 200 años donde todavía tenemos una industria poco diversificada con déficit en la balanza comercial de casi todos los sectores exceptuando los productos relacionados con materias primas y una llamativa orientación exportadora de productos con poco valor agregado. La lucha por industrializar el país comenzó hace algunos años, con épocas de esplendor y otras no tanto, se fue avanzando en un rumbo diferente, que conduzca al país a producir lo que necesita, acá una aclaración lo que necesita el país no es lo que necesita un grupo minoritario con amplia riqueza, sino los bienes socialmente necesarios, tanto alimentarios como de consumo duradero que puedan cubrir las necesidades básicas de una población, a precios razonables y con acceso a todas la napas sociales. La relación de importaciones sobre PIB es menor al 20%, esto significa que producimos internamente mucho de lo que consumimos, y que además mucho de lo que importamos son hidrocarburos (con tendencia a reducirse), o partes de bienes intermedios que forman parte de bienes finales terminados de producir en el país. Pocas deficiencias podrían opacar este alentador dato,  pero debemos revisar el proceso histórico para ir encontrando explicaciones a algunos problemas que hoy percibimos, en general el desarrollo de industrias fue un efecto directo de medidas gubernamentales que fomentaron su desarrollo, variando su orientación industrial a medida que maduraba el proceso llamado Industrialización por sustitución de importaciones. Hasta el derrocamiento del gobierno de Perón se desarrollaron industrias básicas como la textil, la agroalimentaria y bienes de consumo. A partir de este momento cambio el paradigma y se orientó el esfuerzo hacia la Industria pesada o de base, orientadas a la metalmecánica, hidrocarburifera, siderúrgicas, químicas, el desarrollo de estas industrias permitió ir remplazando muchos bienes, especialmente intermedios que evitaron la salida de divisas atadas a su importación y además genero trabajo de calidad, investigación y desarrollo nacional. Ya a esta altura del análisis debemos hacer algunas aclaraciones, como ya dijimos algunas líneas antes el estado a través de medidas heterodoxas fue promocionando estas industrias, es decir que el desarrollo no fue natural sino que fue tironeado, en cierta forma, por medidas gubernamentales orientada a algunos actores que tenían posibilidades de desarrollo, ya sea por conocimientos previos o relación con la actividad, pero siempre orientada a pocas manos, la tendencia es decreciente es decir que hasta la década del 60 el desarrollo y la diversificación era más que aceptables, a partir de este punto el crecimiento se orientó a la concentración de empresas que tenían mayores ganancias. Este proceso se estimuló excepcionalmente durante los gobiernos militares y el gobierno neoliberal extremo de Carlos Menem y de la Rua, y en algunas actividades específicas en la década Kirchnerista. Orientar un proceso industrial hacia la concentración genera a largo plazo problemas para la determinación de precios, con poca relación a las estructuras de costos, este conflicto deriva de la falta de competencia y la cartelización de estas empresas concentradas, en resumen son tan pocas empresas que se ponen de acuerdo para poner un precio que les dé una ganancia excesiva que absorba una mayor parte del ingreso de la sociedad, si se compara con una situación mucho más competitiva y con actores independientes. La estructura vertical de la producción Argentina se caracteriza por gran concentración de las actividades de extracción y en las primeras etapas de industrialización, en algunas actividades como los alimentos y bebidas, la concentración se mantiene en todo el proceso de industrialización. La etapa final del proceso, es decir la distribución y venta minorista es una de las etapas más concentradas con cadenas internacionales de supermercados  y tiendas multiproducto con locales y precios idénticos diseminados por todo el país, es decir una falta de competencia increíble.

Luego de una reseña del proceso y conformación de la industria Argentina, vamos a meternos un poco en la actualidad, el título de la editorial es “En defensa del consumidor”, elegí este título porque creo que vivimos un momento único en la historia del abuso empresario al salario del trabajador, esto no es casualidad los niveles de concentración en rubros de primera necesidad, la más notoria es la de alimentos, y especialmente en supermercados. Son pocos los programas mediáticos que dentro de la coyuntura económica que vivimos buscan darle al abuso empresario el peso que merecen, pocos ocupan su tiempo buscando información sobre la relación entre precios y costos que pagamos día a día los Argentinos, en mi opinión son los grandes generadores de inflación y los menos responsabilizados. Esto no es casualidad muchas de las empresas son auspiciantes de los programas que luego opinan sobre actualidad y política. En el caso de los supermercados se estima que un 15% del valor de costo que pagamos es publicidad, y con conocimiento de la gran concentración mediática que la ley de medios busca romper, se puede asumir que son casi socios en esta batalla de los precios, ya que los ingresos de los medios son por publicidad y si un 15% de mis entradas se cierran a menos de 10 empresas, tengo pocas posibilidades de ser independiente al hablar de temas relacionados con las causas reales de inflación por ejemplo. Si a esto se le agrega que empresas como Molinos Rio de la Plata, Sancor, La Serenisima, Ledesma , Arcor y Unilever, representan más del 50% de los productos alimenticios que ofrece un supermercado y si agregamos el dato de que el 70% de lo que compramos lo hacemos en un supermercado podemos tener una medida del poder que tienen estas empresas, aca vale una aclaración no debemos ser tan necios de pensar que las empresas están atadas a la reglas de mercado, ellas son las que manejan los hilos del mercado, pensemos que según los datos 6 personas jurídicas alimentan a 16 millones de Argentinos, el poder es inmenso. La pregunta más concluyente a esta altura es ¿Cómo los consumidores, representados en mayor o menor medida por el estado, permitieron que esta situación se desbordara de esta forma? La respuesta no soluciona ningún conflicto pero permite tener una magnitud del costo social de un gobierno neoliberal totalmente alejado de las necesidades del pueblo y fuertemente relacionado con el poder económico. El momento actual arroja cierta luz en la discusión ya que por primera vez en la historia reciente se denuda lo compleja y lo desfavorable para el consumidor que es la actualidad, la concentración de productores y supermercadistas cartelizados para obtener el mayor ingreso posible de la sociedad, esta es la puja distributiva en estado natural. Hoy se discute el tema, y creo que la gente comprendió que los supermercados hacen abuso de posición dominante, y nos obligan a pagar un precio desvirtuado por los productos que consumimos.

Algunos ejemplos para clarificar, por ejemplo el 80% del aceite que consumimos lo producen dos empresas Molineos Rio de la Plata y Aceitera general Dehesa, el 78% de los productos lácteos lo producen la Serenisima y Sancor, en enlatados Arcor tiene el 70% del mercado, el 75% del azúcar es de Ledesma, estas empresas aumentan los precios muy por arriba del aumento de sus costos, y esta situación tiende a empeorar cada año especialmente porque los supermercados ponen barrearas de acceso difíciles de franquear para empresas de menor escala que podrían ayudar a mejorar la competencia. Esto dificulta mucho el trabajo del estado para mejorar la distribución de ingresos, ya que cualquier mejora es absorbida automáticamente con aumento de precios, y el gran poder mediático atado a la publicidad se encarga de silenciar esta situación y resta posibilidades de aplicar el poder del estado para regularizar los procesos, la responsabilidad del consumidor es básica en este sentido ya que si no evita aumentos excesivos temporales estos se tornan normales y el gobierno tiene tantas variables que controlar que lo inhabilitan para dar respuestas claras y a tiempo, es necesario que el consumidor controle y denuncie los abusos, por eso lo precios cuidados tienen una tarea esencial, al relacionar al consumidor y al estado para marcar el territorio a estas empresas.

Los abusos no terminan con el rubro alimenticio, los celulares son otro ejemplo de empresas oligopólicas que parecen competir pero en realidad están fuertemente cartelizadas y todas tienen estrategia idénticas, tres grandes empresas como Claro, Movistar y Personal tienen casi el 100% del mercado de las líneas de celular y los problemas de falta de inversión y precios excesivos son compartidos, también se podría pensar que si todas las empresas tienen las mismas complicaciones en el servicio el estado tiene responsabilidad, esto es aceptable en la medida en que no se regula de la forma que se tendría que hacer, pero si pensamos que son mercados privados que deberían competir lealmente el problema se torna más complejo, año a año el margen de rentabilidad es mayor al de ventas, la situación es clara las empresas no invierten en mejorar el servicio y se transforman en utilidades, y el estado no puede más que multar a estas empresas, y también es cautivo como sus usuarios ya que en si aplicaría la sanción máxima de clausura lo debería hacer a las tres empresas dejando sin servicio de telefonía móvil al país entero. Lo avances son complejos y el estado ya está mejorando los controles y las sanciones, pero es mínimo el avance en este rubro.

Otro sector clave el automotriz, que lleva a cabo aumentos excesivos pero que no son castigados por el consumidor con la negativa a la compra, sino que decide aceptar un mayor grado de endeudamiento para hacerse del bien, este comportamiento es erróneo ya que no se lleva a cabo un sobrestock de oferta que obligaría a reducir los precios para poder volver a vender, poniendo en equilibrio el mercado. Ejemplos como este son muy comunes en la sociedad en la que vivimos donde los mercados financieros facilitan el acceso a bienes suntuarios, poniendo la variable precio en segundo plano, lo importante es cuanto me da el banco, ni siquiera es importante si me llevara 5 años pagar el préstamo o si terminare pagando 3 veces lo que me costó el producto que de por sí ya estaba caro. Razonamientos simples como este no se amplifican en la sociedad y en una situación como la actual donde el acceso al crédito está vedado por la altas tasas de interés cobradas, atadas a la estrategia del gobierno de fomentar los plazos fijos con mejores rendimientos, llevan al consumidor a analizar mucho más los valores que ofrece el mercado e incluso a inclinarse por esperar mejores precios para realizar la operación, aplaudo esta medida que a corto plazo enfriara la economía pero va a tender a regular la inflación y a domesticar a los grande ganadores de esta década de crecimiento, el trabajo del estado está ahora en evitar un despido masivo y la pérdida de valor del salario, esto dependerá de cuanto se estire la medida, no es recomendable alargarla más que algunos meses para luego reencausar la situación con medidas que eviten volver a la situación de abuso comercial anterior.
Poner las barbas en remojo, cuidar el trabajo, y el salario son la medidas que nos van a permitir entrar en un nuevo nivel de madurez social donde el consumidor tenga real poder sobre un mercado fuertemente concentrado que debe ser ataco por varios frentes desde el gobierno, el futuro no es cambiar, sino solucionar los problemas que hoy en día benefician a pocos y dejan a muchos al costado del camino, el estado debe tener acceso a la información que hoy se maneja de forma casi confidencial para cuidar un mercado laboriosamente armado por el grupo de empresas que hoy se pusieron en debate en esta columna.

Saludos hasta la próxima.   


                                        

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