Vivimos en un país democrático, al intentar hacer una
relación de esta palabra con la realidad automáticamente se piensa en tres
palabras educación, salud y seguridad, nuestro país es uno de los pocos donde
estos tres derechos básicos deben ser brindados por el estado a toda su
población y a todos aquellos extranjeros que decidan habitar el país sin un
costo directo, comparándolo con otros estados se puede ver el nivel aceptable
con el que se brindan. Al ser bienes públicos es difícil cumplir con los
requerimientos de todas aquellas personas que acceden a estos servicios, ahí su
alta complejidad sistémica e imagen muchas veces denostada por una sociedad
exigente, en ocasiones más de lo necesario. Vamos a hablar de los problemas
gremiales de estos sectores, principalmente asociados al salario y la falta de
claridad en una escala de valoraciones muchas veces desvirtuada en el ideario
social, pero en esta ocasión quiero hablar de una duda que me surgió luego de
ver estas interminables luchas entre el gobierno, tanto nacional como
provincial, que se tornan eternas dejando en el centro de la tormenta a los
beneficiarios de estos servicios. Como sociedad democrática y como estado,
responsable de resolver los conflictos que dificulten el normal desenvolvimiento
de sus habitantes, me pregunto ¿no estamos dejando fuera del conflicto a
algunos actores que son parte indirectamente del conflicto?, una parte de esta
repuesta la encontré en la recaudación tributaria, es decir en la fuente de los
recursos para brindar servicios de calidad a la sociedad, porque si todos los
años tenemos conflictos en los mismos sectores que se solucionan temporalmente
y sin contentar ninguna de las partes hasta la próxima paritaria, que
indefectiblemente terminara en paros y marchas contra el gobierno, y así
religiosamente cada año, la rueda no se detiene. Por costumbre la postura es o
del lado del reclamo gremial o del lado del estado, pero siempre criticando a
una de las partes en conflicto, a los gremios diciendo que son vagos que no quieren
trabajar, que cobran demasiado para lo que hacen y tantas otras
generalizaciones que no se condicen con la realidad, o sino al estado que nunca
tiene fondos porque se lo llevan los altos sueldos de los legisladores o
desaparece en el oscuro mundo de la corrupción. A pesar de ser difícil
abstraerse del manejo mediático del conflicto (Digo mediático porque es la
fuente de información y análisis que todos consumimos), intente asumir una
nueva posición haciendo un simple análisis, los maestros, los médicos e incluso
los policías, (digo incluso porque tengo una postura asumida en este tema que
en las próximas editoriales voy a ir describiendo), merecen tener buenos
sueldos porque brindan un servicio esencial para el cual se debieron preparar y
es justo un plus salarial que los mantenga motivados para poder exigirles
nuevos proyectos y su conclusión satisfactoria, pero del otro lado, es decir
del lado del estado, también creo que tienen razón en el sentido de que tu
presupuesto es limitado si rompen con las partidas asignadas a estos servicios
deberían dejar de brindar otros que también son importantes, como la cultura,
la ayuda a los sectores más necesitados, etc. Ya en este punto me encuentro en
una encrucijada, porque no puedo tomar parte en el conflicto, pero si puedo
razonar que el problema es simplemente la falta de fondos adicionales que
podrían dejar a ambas partes en equilibrio. Acá aparece la cuestión de los
recursos tributarios, es decir del pacto colectivo supremo que todos los
habitantes del país firmamos imaginariamente al nacer o al aceptar vivir en
este sistema nacional, donde debemos pagar impuestos para que, a través de una
gestión acorde, entre todos mantengamos y mejoremos los servicios básicos a los
que todos tenemos acceso, esto es una república democrática porque tenemos la
potestad de elegir los administradores de esos fondos. Hasta acá nada nuevo, el
segundo paso es determinar cuánto de nuestros ingresos serán direccionados al
estado, y como la sociedad busca el bien colectivo y la equidad social por
sobre el individualismo económico desmedido, esto es lo que predican las
fuerzas políticas que gobiernan históricamente el país, al menos de Perón para
adelante descartando los gobiernos defactos. Una traducción de estas palabras a
veces poco claras (Equidad social o igualdad social), que además figuran en la
constitución nacional Art. 16, postula que a equidad horizontal de ingresos,
patrimonio y consumo se debe aportar en igual medida al fisco, nos dice que los que más ganan deben aportar
más en impuestos, buscando un equilibrio que a pesar de mantener diferencias de
clase (así es el capitalismo), sea socialmente aceptable y evite conflictos
sociales relacionados a la desigualdad, en definitiva se puede resumir en que
el estado debe otorgar idénticas oportunidades a la población, poniendo un piso
mínimo de derechos a las personas y permitiendo un desarrollo personal atado a
las cualidades, los deseos y necesidades que cada individuo crea correcto. Todo
esto que mencionamos es la antesala del razonamiento al que llegue y me llevo a
analizar quien paga los impuestos que luego financian estos sectores en
constante conflicto, mi pregunta en definitiva fue ¿si realmente pagan los
impuestos los que tienen más recursos? Y ¿si existe posibilidad de mejorar los
niveles tributarios para dar por terminada la eterna lucha?. Lo primero,
nobleza obliga, como casi en un 95% de las oportunidades hablo mal del
menemismo en este tema tengo que hacer un descargo positivo y uno negativo, el
primero es que a partir de una importante reforma y principalmente
actualización de la forma de determinar y cobrar los impuestos, se lograron
mejoras sustanciales en la cantidad de impuestos cobrados, la parte negativa es
la inclinación impositiva hacia una estructura mayormente regresiva, es decir
que el mayor peso cae sobre impuestos que no diferencian entre la situación
económica de cada persona, por ejemplo el IVA, no diferencia entre el nivel de
ingreso, esto provoca que los sectores de menores recursos deban hacer mayores
esfuerzos proporcionales. Por ejemplo un medicamento que cuesta $100 con un IVA
al 21%, estaría pagando como impuesto $21. Si gano $500 esos $21 representan un
4,2% del ingreso disponible. Pero si gano $5000 representa solo 0,42% del
ingreso. Es decir que a pesar de que la tasa es fija tiene efecto diferente en
el esfuerzo económico según la categoría de ingreso. Vamos a analizar alguno
números adicionales, mucho se escucha sobre la presión tributaria del país
(recaudación /PBI), ésta fue para 2012 del 36,5%, un número que no es menor
pero tampoco debe preocupar si se piensa que algunos países con servicios
públicos de calidad rondan el 50% como Suecia o Noruega, si nos comparamos en
el continente estamos apenas un escalón más arriba que Brasil (36,2%). El
porcentaje se puede separar en dos categorías, los impuestos nacionales
representa el 29.4% y los impuestos provinciales y municipales 7.9%. Lo
importante es la conformación y donde está la mayor presión, los impuestos que
hacen mayor aporte al estado son el IVA (29%), y la seguridad social (26%), es
decir que alrededor del 55% de la recaudación proviene de impuestos regresivos
que afectan en mayor medida a los de menores recursos. Los ingresos por
exportación es decir aquellos que deberían tener mayor presión en referencia a
que provienen en mayor medida de las retenciones y extracciones de recursos
naturales con grandes ventajas competitivas que se envían a otros países, solo
aportan alrededor de 7%. Otros impuesto progresivos como ganancias (21%),
bienes personales (1,5%), internos (2%), lo que marca que claramente no tenemos
una estructura impositiva progresiva. De estos números se hace claro que
proporcionalmente la estructura impositiva afecta a los de menores ingresos,
haciendo una marginal detracción de la riqueza de aquellos que acumulan un
abultado patrimonio y los que hacen negocios con nuestros recursos naturales.
Mi observación es clara, es urgente una reforma tributaria que sea mucho más
progresiva y permita mejorar los ingresos en pos de dar por terminados
definitivamente el problema salarial de los servicios básicos en pugna. Que sencillo
es escribir estas palabras, lo difícil es llevarlo a la realidad tiene que ver
con un cambio cultural que quizás nos lleve 100 años, o solo 10, dependerá de
que tan preparada este la sociedad para comprender la necesidad del cambio, una
sociedad desunida es terreno fértil para que los sectores de mayores ingresos,
grandes beneficiarios en este proceso económico, mantengan todo en su lugar, es
decir los saque totalmente de la discusión salarial por los servicios públicos
que nos merecemos (la famosa lucha entre pobres). En este rubro entran familias
con fortunas incalculables dueñas de la mayoría de las empresas concentradas
que tenemos en el país, grandes terratenientes, empresas extranjeras que hacen
un enorme saqueo de los recursos naturales, pagando sumas marginales de
impuestos, por ejemplo el caso del agro, la minería, la pesca y tantas otras.
En esta cuestión me queda un solo análisis para finalizar,
al menos en esta editorial ya que es un tema de larga discusión, la evasión
fiscal es un flagelo en este país, de difícil solución por lo arraigado en la
sociedad y la falta de cultura tributaria que se traduce en la generación de
una imagen negativa del estado como administrador de fondos públicos, una total
mentira pero esto es otro tema, generada por sectores que tienen gran interés
en no modificar la estructura tributaria que hace unas líneas describíamos y
que esta manchada por golpes de estado, hiperinflaciones, y crisis muy
complejas. Se calcula, muy superficialmente porque es un tema muy complejo, que
la evasión alcanza el 50%, un claro ejemplo es la informalidad laboral
(superior al 30%), la falta de facturación en los comercios, la falta de
actualización en el valor de mercado de los bienes inmuebles (especialmente
rurales), y la reducida recaudación por el impuesto a los bienes personales (se
sabe que en Argentina vive mucha gente con un excelente pasar económico y un
patrimonio acumulado enorme). Estos son ejemplos de temas que no entraron aun
en agenda, pero que si queremos tener un estado serio debemos abordar en el
corto plazo, al menos comenzar a debatir y proponer como política de estado,
para esto precisamos de una sociedad educada y con ideas claras de cuál es la
mejor posición a tomar en este fascinante mundo de la historia pasada, presente
y futura de argentina.
Saludos hasta la próxima

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